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KULJA

In escritores, fantasia, libros on agosto 27, 2010 at 1:09 am

La Tentación.

Viernes 31 de diciembre de 1999, Madrid.

Un restauran elegante. Cubiertos y finas vajillas del siglo XVIII. Copas llenas de vino y champaña. De fondo las tenues melodías de una arpa y un piano de cola. Los meseros atienden con cortesía y esmero a sus importantes clientes, crema y nata de la sociedad.

Los candelabros góticos irradian suaves ondas de luz, provocando un ambiente personal e íntimo, adornado por cuadros y esculturas del renacimiento. El piso de cerámica italiana y las cortinas de seda China matizan con el blanco colonial de las paredes.

Los manteles azules de tono tan suave que rozan el blanco, como los ojos de esa mujer de negro que acaba de entrar al restauran. Aquella que cubre su piel con un vestido de leather de  toque victoriano en el escote y el vuelo. Su cabello negro se desvanece en las proximidades de sus nalgas. Más que una cara, su rostro es una esquirla de luz que se fugó del crepúsculo para vivir por siempre en ella.

Con paso firme y arcano se desliza entre los muebles Luís XVI, cautivando las miradas  de todo ser a su alrededor. El tiempo se suspende ante su presencia, sólo ella tiene el derecho de moverse, de ser, de vivir, ella y su sombra…y todo lo que habita en esta.

Esta oda a lo sublime detiene sus pasos ante una de las mesas donde alguien come dados de langosta marinados en vino blanco, sin prestar la mínima atención a la diva, alguien que por su poder puede escapar de al sortilegio abismal que irradia dicha mujer.

— He venido a buscarte Narmasulieris — estas son las palabras de esta enigmática figura, su voz es etérea, como un halo de luz que ilumina los sentidos. Aquel que degusta su plato levanta su cabeza ligeramente, observa, sonríe y continua comiendo. — Narmasulieris, mi siempre amado, por el aprecio que te tengo no quisiera entrar en injusta lid contigo. — una carcajada que se suspende en el tiempo brota de la garganta de Narmasulieris.
— ¿Injusta? ¿Pero para quien, mí siempre amada Kulja? Supongo que no es para mí.
— Si consideras que seria una Lid justa, y no pretendes venir conmigo por tu voluntad, entonces dame el honor de danzar contigo.
— Mi pies, alas, garras…mi ser, están cansados de danzar ya, mis ojos tienen arena y mi paladar esta lleno del amargo polvo rojo que flota en los campos de batalla, ve y dile a Él que combata sus propias guerras, las guerras que Él creó y disfruta tanto es su celestial sadismo irrefutable. Si me amas tanto como yo a ti, déjame seguir viviendo en paz entre estas mansas ovejas, sabes que yo no soy el lobo por el cual debes preocuparte.
— Sabes que entre en deber y el querer está el abismo de nuestras almas, quiero… pero sabes que debo, espero que tu amor sepa perdonar a mi deber.
— Sabes que mi amor te perdonará, mi amor sabe que sólo eres una ficha como una vez lo fui yo y que aun no sabes hacer otra cosa más que cumplir con tu deber. — Narmasulieris, sonríe con agrado a Kulja — ¿Me dejas terminar mi plato y reposar o tienes prisa?

Kulja se sienta frente a Narmasulieris, mientras el tiempo a su alrededor continua suspendido en el segundo de la eternidad. Narmasulieris saborea cada dado como si fuese la primera y última vez que disfrutara de ellos, al terminar de comer deleita su paladar con una copa de carbenet sauvignon.

— ¿Nunca has probado el vino, cierto? — dice dirigiéndose a Kulja.
— No.
— ¿Ni la langosta?
— No.
— No has probado ningún majar…eso es deprimente, toma, bebe. — Narmasulieris vierte vino en una copa. Kulja la observa con sus bellos e inexpresivos ojos azules. — Por favor, he accedido a danzar contigo, considero justo que tú brindes conmigo. — Kulja tomo la copa entre sus delicados dedos. — Brindemos por los placeres de la carne, por la pasión, por lo fugaz, brindemos por las ovejas que viven felices en su bendita y envidiada ignorancia, salud. — Narmasulieris bebió el vino de su copa. Kulja observa el líquido y lentamente lleva la copa a su boca, sus labios rosados tocan el frió cristal, el vino toca sus sentidos, el sabor inunda su alma, mientras el líquido recorre su lengua y se sumerge en su interior como una caricia divina. Kulja queda extasiada bajo el embrujo de las uvas. — ¿Sabes? lo primero que sentí al caer… fue vino, en verdad fue el vino en cierta manera lo que me hizo caer, o al menos la ultima gota que desbordo el vaso de mis abismos, se que algún día lo entenderás… Es tiempo de que dancemos mi amada Kulja, ya he cumplido con mi misión…
— ¿Cual? — pregunta Kulja mientras el la esencia calida del vino persiste en sus sentidos.
— Abrir tus ojos…

Narmasulieris y Kulja salen del restauran, sus cuerpos se desvanecen en cada paso, mientras el tiempo reanuda sus pasos egoístas llamados segundos. Nadie se pregunta donde esta la mujer de negro o el hombre que comía langosta, nadie los extraña por que nadie los recuerda.

La Danza De Los Amantes.

Algún lugar en la costa Cantábrica.

Dos figuras observan el mar desde las alturas de acantilado. Las olas rompen contra la roca, el olor a agua y sal flota en la atmósfera. La noche es sublime, la luna llena ilumina el mar creando la ilusión de una sabana de plata que se extiende hasta el fin del mundo.

Narmasulieris alza su vista y contempla la luna, el sonido de las olas ahogan cualquier otro sonido, pero aun así ellos pueden oirse por que sus palabras no se escuchan con los oídos, sino con el alma.

— Bella noche para danzar, ¿no crees? — dice Narmasulieris mientras que en su mano derecha se materializa una espada y su ropa se transforma en una armadura de color azul con alas de plata. La armadura tiene grabado signos antiguos y marcas de batalla. Sus manos se transforman en fuerte garras, sus ojos se tornan carmesí y emanan de su interior un fuego intenso. Su piel de ébano pasa a ser roja y escamada. Su estatura aumenta al igual que su musculatura. Su voz también cambia, ahora se asemeja al rugir de una bestia. — En verdad es una bella noche para danzar.

Narmasulieris da la vuelta, Kulja está frente a él, a unos cinco metros. Las olas chocan contra las rocas. Narmasulieris ve a Kulja a los ojos. Antes de que las olas vuelvan a chocar contra la piedra… Narmasulieris corre hacia Kulja, cada uno de sus pasos deja huellas de fuego negro que destruyen la tierra, su espada se alza contra su amada Kulja, directo hacia su cuerpo, con intenciones de cortarla por la cintura a la mitad. Desde la sombra de Kulja emerge un tentáculo negro que detiene el curso de la espada.

De inmediato Narmasulieris ejecuta otro ataque, esta vez un puñetazo al vientre de Kulja, el cual no pudo ser detenido por su poder, el golpe se hunde en lo profundo de su abdomen, un golpe capaz de destruir una montaña de granito. El tentáculo negro envuelve a la espada y la arrebata de la mano de Narmasulieris, un segundo tentáculo le golpea en el rostro alejándolo de Kulja. Las olas chocan contra las piedras.

Narmasulieris observa los dos tentáculos salen de la sombra de Kulja, uno de ellos sostiene una espada, la cual se hunde entre las sombras. Las alas de plata de Narmasulieris comienzan a moverse, alas que se expanden y elevan al titán rojo a más de treinta metros de altura desde donde observa a Kulja. Toma un profundo suspiro… de su boca salen llamaradas de fuego, bolas incandescente queman el aire, Kulja se mueve con rapidez, su sombra la envuelve y se convierte en un par de alas similares a la de un murciélago, elevándola luego como un ave, las bolas de fuego chocan contra el suelo causando una explosión que se congela en el tiempo.

Kulja vuela hacia Narmasulieris, una batalla se libra en aire, saetas que se mueven a la velocidad del pensamiento. Kulja evita algunos golpes, otros no. Es agarrada por el cabello y arrojada contra el suelo y perseguida en su trayecto por Narmasulieris, cual si fuera halcón tras su presa, las alas de Kulja se convierten en tentáculos que se sujetan a Narmasulieris, ella le golpea con fuerza y rapidez, mientras ambos caen al suelo.

Los puños de Kulja impactan contra la armadura azul, Narmasulieris le da un fuerte cabezazo, seguido por un puñetazo en el costado. Ambos chocan contra el suelo, el impacto crea un cráter de más de diez metros de diámetros.

Las flamas de las bolas de fuego se extinguen.

Narmasulieris sale volando del cráter mientras el polvo aun se esparce por el acantilado. Un tentáculo sale de entre la nube de polvo y sujeta a Narmasulieris por el talón y lo es azota contra en suelo, una y otra vez de un lado a otro, cada impacto crear un cráter mucho antes que el polvo naciente del primer agujero se disperse.

Narmasulieris sujeta el tentáculo antes del siguiente impacto, da un fuerte tirón saca a Kulja del orificio. El titán se aproxima a ella y con su mano roja la abarca por cintura cual si fuera una muñeca. Ahora es Narmasulieris quien azota a Kulja contra el suelo, una y otra vez sin soltarla, en la otra mano se acumula una esfera de fuego, la cual estalla en el rostro de Kulja. El polvo se desvanece, dejando ver la figura de una mujer en el suelo, y un titán rojo de pie al lado de ella.

Narmasulieris sujeta a Kulja por el cabello y la levanta. La bella mujer cuelga inerte de su bello y largo pelo, Narmasulieris le ve a los ojos.

— ¿Por qué no estas danzando? ¿Es que acaso ya no soy digno de tu amor?
— Siempre serás digno de él, pero no danzas con la intención de vencerme, sino de partir
— Si lo sabes, ¿por que me niegas el privilegio de partir entre tus brazos?
—…
— Por favor, si me amas déjame partir, sólo así encontraré paz, ya he vencido a muchos, estoy cansado. Si te venzo a ti, vendrán más y más… ya no más.

Narmasulieris soltó el cabello de Kulja. Ella le observa y le regala una sonrisa, las sombras comienzan a envolverle, su bello cuerpo se transforma en algo diferente. Narmasulieris se eleva con sus alas de plata, sus ojos ven el cielo, una estrella fugaz atraviesa el firmamento…

Luego observa hacía abajo y contempla al extraño ser que le ve desde el suelo, una doncella oscura que expande sus alas de sombras y muerte y se eleva como saeta de oscuridad hacia el titán rojo, quien acumula una esfera de fuego y energía en sus manos, esperando el momento preciso…la velocidad de Kulja aumenta al igual que la intensidad de la esfera de fuego.

El impacto entre la sombra y el titán rojo es inevitable, pero él no ataca. La sombra atraviesa al titán, pero no destruye su armadura ni su piel roja, destruye su alma.

La estrella fugaz se disipa en el firmamento.

Narmasulieris cae al suelo, desde allí observa la luna. La figura de una mujer se acerca a él, y se sienta a su lado.

— Aún no entiendo el por qué.
— Prefiero morir libre entre ovejas que vivir condenado entre Avatares.
— ¿Que encontraste entre las ovejas? ¿Qué te dieron?
— Vino…
— ¿Vino? No entiendo…
— Ya lo harás. — los ojos rojos del titán se apagan mientras dice su ultima palabra. — Te amo.
— Te amo.

Una bella mujer contempla el mar y la luna al lado de un cuerpo que arde en llamas negras. Una mujer que piensa en el vino…

Mercenarios.

In Kimerian, libros on mayo 8, 2010 at 2:09 am

Mercenarios.


Recuerdo claramente la primera vez que les vi. Yo aún no pertenecía al escuadrón elite. Recién me habían ascendido a decurión y tenía bajo mi mando a diez soldados.
Nuestra primera misión fue servirles de escolta a ellos. Éramos dos unidades, la otra era liderada por un decurión llamado Kelmos.

Kelmos y yo fuimos llamados por el mismísimo Saúl, quien en ese momento era la mano derecha del emperador Marjol.  Las órdenes fueron claras y precisas: Llevarlos hasta el Oasis del Cristal Muerto, dejarlos allí y volver al castillo.

Se nos asignó un escarabajo. Era un vehículo de transporte, los soldados le llamamos así porque eso era lo que parecía, un enorme escarabajo de metal. Era una tecnología nueva desarrollada por Saúl.  Tenían capacidad para llevar a cincuenta hombres a través  del desierto en menos de quince días, era algo impresionante.

La idea de servir de escolta a dos mercenarios no era de nuestro agrado, pero estos eran los más famosos de toda Kimerian, aunque cuando les vimos llegar sentimos cierta decepción. No sé cómo explicarlo, simplemente no se veían tan espectaculares como nos los habíamos imaginado, pero a la vez, poseían un aura intimidante.

El viaje hasta el oasis duró tres días en los cuales ninguno de los dos dijo absolutamente nada, no hablaron ni siquiera entre ellos. No comieron ni bebieron nada, tampoco durmieron. Solo estaban allí, en un rincón apartados de nosotros. De vez en cuando el mercenario con el yelmo rojo en forma de cráneo dejaba escapar un suspiro de hastío. Alguien nos dijo que se trataba de una chica, pero realmente era difícil imaginarse a una mujer debajo de esa indumentaria tan lúgubre y bélica.

Finalmente llegamos a nuestro destino. Mi unidad y yo salimos primeros y aseguramos el perímetro. El oasis estaba a menos de treinta. Se podía ver claramente un gran trozo de cristal a medio hundir, era como un iceberg de los mares de Algôris. Una parte de la unidad de Kemos se quedó cerca del escarabajo, la otra permaneció en el interior. Los dos mercenarios salieron con paso lento y calmado. El calor era insoportable, pero la «chica» continuaba llevando encima una gruesa capa hecha con la piel de algún animal de las tierras frías, y no parecía molestarle en lo más mínimo la agobiante temperatura.

El otro mercenario era un deomon. No había que adivinarlo. Ese cristal en su frente que le atravesaba la piel desde el interior era la marca más característica de su raza. Al él tampoco le afectaba el calor, pero era algo obvio, los deomones poseen una resistencia sobre natural a los elementos.

En ese momento no sabía que tan poderosos eran, pero de una cosa sí estaba seguro, eran muy valientes. Aún hoy se me hace imposible la idea de quedarme solo en medio de la nada sin ningún recurso ni provisiones. Sin embargo esa era la situación para ellos.

Todos nos quedamos un poco embelesados al verle partir, pero un extraño zumbido nos sacó bruscamente de nuestro trance contemplativo. Algo enorme chocó contra el escarabajo, fue muy sorpresivo y apenas tuvimos tiempo de analizar la situación.

El vehículo quedó hecho añicos, un amasijo de metal, llamas y carne. La unidad de Kelmos no sobrevivió al brutal impacto. Algo se abrió paso de entre los escombros de escarabajo. Por un segundo tuve la ilusa idea de que era Kelmos, que tal vez tuvo oportunidad de transformarse y sobrevivir, pero no, no era él. Se trataba de un maldito Mecante, una máquina de guerra fabricada por la Orden de Teura. Artefactos creados con un único fin: destruir.

Mi unidad aún estaba aturdida por la explosión. Intentamos organizarnos lo más rápido posible, pero el mecante comenzó su ataque. Era un armatoste enorme, de unos cuatro metros de altura, tres toneladas de metal sin conciencia ni remordimiento alguno. La primera ráfaga de metrallas hizo diana sobre uno de mis hombres, su cuerpo quedó totalmente despedazado. A duras penas esquivamos la segunda ola de ataque. Aún no éramos muy diestros en el uso de los rifles, por eso se nos hacía muy difícil disparar y movernos al mismo tiempo. Además el fuego y la brisa cargada de arena afectaban nuestra puntería. Los pocos ataques acertados parecían inútiles, las descargas no infligían suficiente daño sobre el mecante. Era una situación desesperante.

Por un breve instante pude ver a los mercenarios, estaban de pie a una distancia segura y solo se limitaban a observar la situación. Al parecer no tenían la menor intención de intervenir en nuestra ayuda.

El mecante avanzaba con pasos lentos y pesados, pero imposibles de detener. Teníamos una oportunidad, una última y desesperada opción, yo. Apenas tenía noventa años, era demasiado joven para controlar lo que habitaba en mi interior, corría el riesgo de perder la razón e incluso atacar a mis hombres, pero no había más remedio, debía transformarme. Dejar escapar a la bestia.

Mi corazón bombeó con fuerza. Podía sentir la sangre hervir en mis venas. Escuchaba mis latidos, mejor dicho, era lo único que escuchaba mientras mis músculos se hinchaban reventando mi piel dando paso a otro ser. El dolor de una transformación es algo indescriptible. Los huesos se tuercen, cambian de forma y ubicación. La piel se desquebraja y el corazón parece que va a estallar en mil pedazos.

Cuando te transformas eres un animal, tú nivel de conciencia depende del control que poseas sobre tu bestia interior, y si no posees el suficiente la bestia te controla  a ti haciéndote imposible retornar a tu estado natural. Eso significa una muerte segura. El corazón es el centro de nuestro poder, pero su resistencia en limitada y si te excedes terminas muerto.

Lo veía todo diferente, me era difícil distinguir quién era mi enemigo y quien no lo era.

Los pensamientos racionales son apabullados por el instinto destructivo. A duras penas logré evitar atacar a los hombres que aún quedaban en pie.

Rugí y mis alas se abrieron. Avance volando como una bala de cañón. Embestí al mecante y rodamos sobre la arena. Mis garras se hundieron en el metal y sin mucho esfuerzo desprendí la ametralladora. A una distancia tan corta el resto de su armamento era inservible. Batí mis alas con furia mientras hundía mis zarpas en su coraza, volamos verticalmente a toda velocidad. Mientras nos elevábamos vi algo que me enfureció más, había otro mecante entre los escombros del escarabajo y se preparaba para atacar.

Aspiré con fuerza, mis pulmones se llenaron de aire que se convirtió en fuego. Intenté lanzarle una llamarada al mecante que estaba en el suelo, pero fallé. El tiempo se agotaba. Volé a toda prisa, el mecante intentaba zafarse pero la presión de mi agarre era mucho mayor, tanta que el metal se hundía entre mis garras como si se tratase de un ovillo de lana. Mis fauces mordían su coraza metálica, con cada una lograba desprender grandes trozos de metal. Al final lo solté, la caída debía ser de unos setecientos metros, sabía que se destrozaría al chocar contra el suelo. No obstante para mí no era suficiente. Descargue un potente soplido flamígero sobre el mecante que lo convirtió en una masa de metal ardiente. La caída fue devastador, las piezas saltaron por doquier y una onda de de arena ardiente se esparció por el desierto.

A esa altura el mundo es diferente. El viento en mis alas me causaba una sensación de libertad y poder. No había fronteras, sólo el viento y yo. La paz de las alturas. Sentía que mi mente se disipaba y era sustituida por un fuerte deseo de volar hacia el horizonte. Pero no, aún quedaban cosa por hacer. Descendí en picada, iba a por el otro mecante, pero mi corazón ya a mostraba signos de fatiga.

Mi unidad atacaba al mecante, sabían que era un sin sentido, pero era lo único que podían hacer. Cuando se está en la batalla no se puede dejar de atacar, aunque todo esté perdido se debe luchar hasta el final. En una guerra aquel que no lucha deja de ser un soldado y se convierte en víctima.

En el descenso la fatiga se adueñó de mí. La presión en las arterias era insoportable. El dolor llegaba hasta la medula. Cada vena era como una tubería de metal que transportaba vapor caliente, el corazón me iba a estallar. A pocos metros del suelo los músculos dejaron de responderme. Intenté posicionarme sobre el mecante, estaba seguro que me desplomaría de un momento a otro, si caía sobre él le daría una oportunidad a mis camaradas.  Pero no tuve tiempo ni  el control suficiente para ejecutar la maniobra. El impacto fue brutal, el dolor de la caída se mezcló con la tortuosa destransformación.

Recuperé mi forma natural, pero no podía mover un solo músculo. Era algo natural después del retorno, una parálisis total que dura casi un minuto. Uno de los soldados me asió por la muñeca y me arrastró hasta un montón de metal que servía de barricada. Quedábamos cinco soldados en pie y uno de ellos estaba muy herido pero continuaba atacando. Entonces la vi…

Se había despojado de su capa dejando al descubierto la armadura más extraña que mis ojos habían visto. Las piezas eran de una extraña mezcla de metal y madera unidos entre sí por lo que parecían ser raíces. Cada parte llevaba incrustada una semilla cristalina que desprendía un fulgor intenso. Pero lo más impresionante era su espada, todos conocíamos su nombre y creíamos que era un mito contados por los ancianos. Pero no, la Zodiaka era real y ella la tenía en sus manos.

No parecía una mercenaria, era más bien la encarnación de Atul en el cuerpo de una mujer. Su imagen nos causaba pavor y respeto. El mecante detectó su presencia  y apuntó con todo su armamento hacia ella. Tal vez tenía algún mecanismo que le permitía conocer el nivel de poder de su oponente, al parecer nuestra amenaza era insignificante comparado con la que ella ofrecía.

La maquina descargó una violenta y destructiva ráfaga de metrallas contra la mercenaria, pero increíblemente no atinó  ni un disparo. Ella se movía de un lado a otro haciendo giros imposibles y gráciles como si danzara al ritmo de una melodía que sólo ella podía escuchar. Años más tarde descubrí el nombre de ese estilo de combate, era el Suorda Denkia, la danza de la espada. Se acercó descaradamente al armatoste bélico sin que éste pudiese hacer nada para impedírselo. Ella dominaba el tiempo y el espacio a su antojo, su armadura le otorgaba ese poder y muchos otros.

Me fue imposible seguir todos sus movimientos, en un momento estaba en el suelo deslizándose como el viento sobre la arena, y al siguiente estaba a diez metros de altura sobre el mecante, suspendida como si la gravedad no surtiera efecto sobre su cuerpo. Luego la vi justo debajo de la máquina de guerra. Ni mis hombres ni yo entendimos que había ocurrido.

Ella se alejó con paso calmado. Por un instante el mecante parecía intacto, pero no era así. Se desplomó de golpe partido en más de diez pedazos. Los mercenarios partieron sin mirar atrás, esa no fue la única vez que nuestros caminos se cruzaron, el destino me tenía preparado otro encuentro con ellos…

Tsunami Rojo.

In escritores, fantasia, Kimerian, libros on abril 19, 2010 at 11:08 pm

Tsunami Rojo.

el desierto rojos

Hace tres mil años el Rub al Khali, o como le llaman algunos, El Desierto Rojo no era un océano infinito de arena color sangre. Un manto boscoso lo cubría todo y sus fuerzas vitales recorrían cada rincón rebosándolo de un vigor incontenible que se manifestaba en riquezas físicas y arcanas.

Las entidades arcanas de la naturaleza convivían con los moradores del lugar compartiendo con ellos su sabiduría superior y develando los misterios de Kimerian, lo que convirtió a muchos habitantes en verdaderos maestros en las artes arcanas. Algunos parecían tener una sed de conocimiento insaciable, en cambio otros no se mostraron tan interesados en estos enseñanzas, aprendieron lo imprescindible, a fertilizar las tierras muertas, dominar los minerales para crear utensilios y joyas o construir edificaciones más sólidas.

Con la ayuda de las artes arcanas y la colaboración del las entidades, los mortales construyeron la ciudad de Ra Tsu. Quince mil kilómetros cuadrados de majestuosidad y belleza que ninguna otra ciudad ha podido superar en más de tres milenios. Su mayor tesoro era la biblioteca de Agnitio, una edificación que ocupaba el treinta por ciento de la superficie de la ciudad casi el doble en el subsuelo. Allí se almacenaban una infinidad de tomos que recopilaban todo tipo de saberes. Sus puertas estaban siempre abiertas a todo aquel que desease aprender.

Las entidades arcanas hicieron una clara advertencia: «Nunca contempléis el interior del Abismo, porque al hacerlo éste ganará el derecho de contemplar vuestro interior y su mirada maculará vuestra esencia y su voz pudrirá vuestras mentes» Consejo que fue ignorado por muchos que dejaron de encontrar conocimientos útiles a sus causas entre los habidos en Agnitio.  A sabiendas que los tratos con las criaturas abismales podrían resultar perniciosos incurrieron, de manera oculta, a ellos en busca de fuentes que saciasen su sed de conocimientos.

Las fuentes encontradas parecían otorga un poder infinito, pero que se servía a cuenta gotas. Cada trago traía consigo oscuridad que no sólo afectaba a sus mentes, sino también a la ciudad y todo su entorno. Los lagos se convertían en ciénagas venenosas y los campos eran corrompidos por plagas voraces. Surgieron extrañas pestes difíciles de curar mediante las artes del bosque. Las criaturas abismales utilizaron las mentes corruptas como puertas para acceder al plano de los mortales trayendo consigo más oscuridad y caos.

Los sabios que no se rindieron ante tales conocimientos descubrieron el origen de los males que afligían a Ra Tsu y decidieron hacerle frente. Fue entonces cuando la guerra llegó. A pesar de profesar una filosofía pacifista, las entidades del bosque tomaron parte en la batalla en contra de las fuerzas abismales. Para defender la paz a veces se debe luchar.

La guerra plantó sus pies en la alguna vez esplendorosa Ra Tsu, y sus huellas fueron el caos, el dolor y la destrucción. Fue una caminata muy breve que trajo consigo una devastación jamás vista por ojo mortal alguno. Campos reducidos a cenizas, lagos convertidos en pantanos venenosos. Grutas insondables emanaron vapores que cubrieron el cielo con nubes negras cargadas de pesadillas devoradoras de mentes y sus fluidos bañaron la tierra con horrores inimaginables.

Entonces se vio venir una marea de arena roja que abarcó todo  el horizonte, sepultándolo todo a su paso con su aplastante presencia. Esa fue la última gran catástrofe de Ra Tsu. Muy pocas entidades del bosque, criaturas del Abismo y seres mortales sobrevivieron al cataclismo. Aún no se sabe quien invocó tal poder capaz de enterrar toda una ciudad en tal solo un suspiro…

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¿Quienes somos nosotros, los seis mil millones de seres humanos?

In Reflexiones on abril 17, 2010 at 1:26 am

¿Quienes somos nosotros, los seis mil millones de seres humanos?

Viajar por ese universo significa estar en un avión de 1000 pasajeros, para un vuelo de un día.

De los 1000 pasajeros,
584 serían asiaticos,
124 africanos,
95 europeos,
84 latinoamericanos,
55 de la antigua URSS,
52 norteamericanos y
6 australianos y neocelandeses.

Religion:
329 son Cristianos,
178 Musulmanes,
167 declaran no ser religiosos,
132 Hindúes,
60 son budistas,
45 Ateos,
3 Judios, y
86 de otras religiones.

Edades:
330 son niños,
610 adultos, y
apenas 60 tienen mas de 65 años de edad

Idiomas:
165 tienen como idioma el mandarin,
86 el ingles,
83 el hindi,
64 el español,
58 el ruso y
37 el árabe,
200 hablan otros tantos idiomas

Educación:
Apenas 330 saben leer y escribir y
670 (dos de cada tres) no sabe ni leer ni escribir.

Desayuno:
Hay 25 personas que tienen 3 bandejas,
todas ellas son europeas o norteamericanas;
55 sólo tienen medio café y medio pancito,
para 20, no hay absolutamente nada.

Al completarse una hora de vuelo,
los pasajeros ya son mas de 1000
10 murieron,
nacieron 28,
totalizan 1018 pasajeros.

Veinticuatro horas después
serán 1432

De los que murieron al cabo de las 10 primeras horas de vuelo:

Para 30, la causa fue el hambre;
10 son bebés que murieron al nacer, y
10 murieron de cáncer
Esto significa que, de cada 10 que mueren, 8 son
victimas directas de causas sociales.

A la hora del almuerzo,
la distribución de las bandejas vuelve a ser desigual,
sólo que más desigual aún que seis horas antes.

Si le preguntamos al personal de abordo cómo
fueron gastados los recursos que se recaudaron
entre los pasajeros, nos enteraríamos de que se
gastó mas en armamento que en educación y en
salud.

Ese es el vuelo ciego e injusto de la humanidad en
direccion al siglo XXI

¿Coseguiremos cambiar su ruta?

¿Relidad o ficcion?

In fantasia on abril 15, 2010 at 4:13 pm

Realidad (del latín realitas y éste de res, «cosas») significa en el uso común «todo lo que existe». De un modo más preciso, el término incluye todo lo que es, sea o no perceptible, accesible o entendible por la ciencia y la filosofía o cualquier otro sistema de análisis.
Definición extraída de Wikipedia.

[…]Escribimos fantasía por que nos gusta escribir (obvio), ¿aquellos que escriben realismo lo hacen porque tendrían mayor oportunidades de publicar? ¿Sus historias tienen mayor aceptación? ¿Triunfar escribiendo fantasía es una fantasía? ¿Creéis que una historia de corte fantástico no puede plantear situaciones reales con la misma intensidad que una de corte realista? […]

Hace unos días tropecé con esta pregunta en uno de los foros a los que pertenezco. Esta cuestión me ha hecho pensar mucho en qué es la realidad de un individuo y la fantasía de otros. Planteo un posible ejemplo.

Una mañana cualquiera, en una caótica isla tropical de América central.
Isidro y Pedro iban conduciendo una destartalada motocicleta Honda c 50. Está de más decir que iban a una velocidad más que imprudente, pero es que la Imprudencia es el carnet de conducir por esos lugares. Es posible que ese particular caso Pedro, quien conducía, tuviese motivos para ir tan aprisa.

Es esos días había escases de gas propano a causa de de la subida de petróleo y de la especulación. Doña María, la madre de Pedro, tenía un humilde puesto de comida frente a la puerta principal del muelle. Este chinchorrito era la única fuente de ingresos de la familia, es decir: si no hay gas para la estufa no hay producción, si no producción no hay dinero.

Como les decía, la moto iba a toda velocidad por la autopista, Pedro conducía e Isidro llevaba una bombona de gas vacía sobre sus piernas. Debía llegar antes de que dejaran de vender gas, era algo vital. Salieron de la autopista y tomaron una calle de una vía que les llevaría a su destino. Era tal la desesperación de Pedro que no vio el coche que venía en dirección opuesta, tal vez si lo vio y calculó mal una impertinente maniobra, a veces el hambre no deja pensar correctamente.

La motocicleta chocó de frete contra en vehículo. Pedro atravesó el cristal del coche. Isidro salió disparado hacia delante, dio varios pasos sobre el capote del automóvil aun en marcha, antes de caer ejecutó un salto mortal hacia delante y cayó en el suelo agachado, pero por la velocidad que llevaba perdió el equilibrio y terminó sentado en el suelo, sin un solo rasguño, hasta que la bombona de gas, que también había saltado por los aires, le cayó sobre una pierna y se la fracturó.

Al final, Pedro terminó algunas cortaduras considerables pero no graves e Isidro con una pierna rota, y sin gas.

Muchos de ustedes pensaran que la maniobra de Isidro y la suerte de Pedro son pura ficción, algo que he inventado, pero no es así. Fue un suceso real. Y es que donde yo nací se viven a diario realidades que suelen superar la ficción.

Si la realidad puede tener esas cargas «fantasía», porque la fantasía no podría tener cargas de «realidad». A veces creo que el problema radica en la etiqueta, al saber que algo es de género fantásticos es posible que descartemos todo lo demás y solo veamos eso, lo fantástico. Nos olvidamos por completos que detrás de esa obra hay una persona que quiere trasmitir una idea, un pensamiento, un mensaje. Vemos o leemos las batallas y aventuras tolkianas, pero no pensamos en los motivos que causaron esos acontecimientos. No reconocemos la sed de poder de los hombres «reales» plasmada en los orcos, elfos y demás criaturas fantásticas. Ignoramos que esas guerras pueden ser las que vivió en autor en sus días de soldado en la primera guerra mundial. Al final sólo vemos a un ojo gigante y aun enano con un anillo.

Para no seguir alargando y desvariando, terminaré diciendo «detrás de fantasía hay alguien real».

44 consejos para jóvenes escritores

In libros, manuales on abril 14, 2010 at 7:42 pm

1. Copiar en fichas todos los finales que se nos ocurran para un relato así como sus inicios, probar todas las combinaciones posibles y elegir la más eficaz.

2. Contemplar la vida, los hechos, los sentimientos, las cosas, las palabras… con actitud de asombro, de extrañeza, y escribir a partir de las nuevas percepciones que así tengamos de todo ello.

3. Inventar nuevas formas de enfocar nuestros actos cotidianos y escribir sobre ellos.

4. Mirar los objetos de nuestra casa como si pertenecieran a otro mundo y escribir sobre la nueva forma de percibirlos.

5. Inventar un mundo en el que las personas hablen con las cosas y las cosas hablen entre sí.

6. De entre todas las ideas que se agolpan en nuestra mente, apuntar una; la más simple, la más atractiva o la primera que podamos atrapar, sin preocuparnos por perder las restantes en el camino.

7. Es bueno relajarse unos minutos antes de comenzar a escribir, concentrarse en la respiración, para dejar fluir los pensamientos; coger al vuelo palabras que pasen por la mente y llevarlas a la página.

8. Se puede trabajar con listas existentes, tales como las del listín telefónico, la carta de un restaurante o la cartelera de los cines.

9. Plantearse la mayor cantidad posible de formas de soledad existentes para desarrollar en un texto la que más nos conmueva.

10. Observar lugares bucólicos y describirlos. Extraer noticias truculentas de periódicos sensacionalistas y ambientar los sucesos en dichos lugares.

11. Estar alerta cuando nos sentimos angustiados para rescatar aquellas imágenes que dan forma a la angustia.

12. Escribir sin estar pendientes del calendario, del reloj ni de lo que consigamos; simplemente, hacerlo.

13. Escribir sobre un tema, elegido a conciencia, que nos produzca la más intensa e íntima liberación.

14. Imaginar varias situaciones que ocurren en distintos lugares a la misma hora como método para contar algo desde distintos puntos de vista.

15. Repetir un mismo itinerario mental en distintas ocasiones para comparar resultados y recoger la mayor cantidad posible de material vivencial.

16. Imaginar un viaje de afuera hacia adentro y otro de adentro hacia fuera de uno mismo y escribir “durante” el viaje.

17. Planificar un viaje interior por el territorio que sea más propicio para las representaciones imaginarias.

18. Practicar el aislamiento durante un período programado de tiempo que puede ir desde un día completo hasta una semana, un mes… y anotar lo que experimentamos en ese lapso.

19. Escribir un texto a partir de la comparación de dos realidades: recuerdos, sueños, experiencias vividas, sonidos, perfumes…

20. Escribir un texto a partir de semejanzas y diferencias que resulten de compararse uno mismo con otra persona.

21. Encontrar las palabras que más placer nos produzcan o más significaciones nos provoquen para constituirlas en componentes de una imagen.

22. Apelar a nuestros sentidos diferenciando aromas, sabores, sonidos, observaciones y sensaciones táctiles de todo tipo para incluir en nuestra lista para constituir imágenes.

23. Dividir un objeto en el mayor número posible de piezas que lo componen para jugar con ellas en un texto, llamando al objeto por el nombre de algunas de esas piezas o partes.

24. Inventar situaciones, personajes, conceptos que nos permitan transgredir las funciones del lenguaje.

25. Reunir todo tipo de géneros y discursos y a partir del contraste entre dos de ellos, para constituir una narración: noticias periodísticas, telegramas, poemas, diálogos escuchados al pasar, etcétera.

26. Analizar todo tipo de palabras buscando la mayor cantidad de explicaciones posibles que en torno a ellas nos aporta material para un texto o nos permite, directamente, constituir el texto.

27. Inventar imágenes inexistentes, con mecanismos similares a los productores de frases hechas, y desplegarlas literalmente en un texto.

28. Tomar una idea conocida y asombrarse frente a ella como si nos resultara desconocida como método para conseguir material literario.

29. Coleccionar refranes de distintas procedencias para trabajar con ellos en un texto.

30. Inventar refranes y jugar con su sentido literal.

31. Prestar atención a los episodios cotidianos, y convertir cada mínimo movimiento ocurrido en un espacio común -un bar, el metro, un edificio, la playa- en un episodio capaz de desencadenar otros muchos.

32. Elegir momentos a distintas horas del día y describir todo lo que sentimos y lo que sucede a nuestro alrededor, más cerca y más lejos.

33. Inventariar palabras a partir del alfabeto y crear entre ellas un itinerario, el esqueleto de una historia.

34. Tomar todo tipo de secretos: un “secreto de familia”, un “secreto de confesión”, “el secreto de estado”, “el secreto profesional”, como motores de un texto.

35. Hurgar en nuestro mundo interior, rescatar de él algún aspecto que no nos atrevemos a expresar y ponerlo en boca de un personaje.

36. Confeccionar una lista de afirmaciones y otra de negaciones como posible material para un texto en el que se omita algo específico.

37. Invertir el mecanismo lógico: secreto/confesión, es una manera de enfrentar la ficción. En consecuencia, partir de una confesión para luego inventar el secreto.

38. Emborronar folios durante diez minutos exactos cada día. Al cabo de cada mes (y por ninguna razón antes) leer lo apuntado. Dicha lectura constituirá una grata sorpresa para su autor. Dado que escribió asociando libremente, el material acopiado será heterogéneo y muy aprovechable para ser transformado en texto literario.

39. Contar lo diferente y no lo obvio de cada día.

40. Trazarse un boceto de escritura “en ruta” y atrapar las ideas susceptibles de ser incorporadas a nuestra futura obra.

41. Recopilar anécdotas ajenas y apropiarse de algún detalle de cada una o de su totalidad.

42. Del intercambio de textos con otros escritores pueden surgir propuestas y comentarios reveladores.

43. Imitar una página del texto de un escritor consagrado y comprobar el ensamblaje de las palabras.

44. Rescatar la espontaneidad del niño. Jugar y crear con todo lo que se tiene a mano.

Akira Kurosawa

In Bigrafias, Cine on abril 14, 2010 at 4:55 pm

AKIRA KUROSAWA

Hace unos meses estaba hablando con Alberto, quien atiende una tienda de Comics. Nuestras conversaciones suelen girar en torno a temas de autores y sus obras. Ahora no recuerdo cómo terminamos hablando de Akira Kurosawa, alguien que hasta ese momento era prácticamente desconocido para mí. Horas más tardes entré a internet y me descargué varias películas de él, quedé fascinado.

Es bueno indagar en el pasado para conocer el porqué del presente. En dos películas, Los Siete Samuráis y Yojimbo, encontré la base argumental de docenas de personajes que hoy son usados en muchas películas y animes. Desde los guerreros honorables hasta los mercenarios errantes y sinvergüenzas, pasando por ese miembro del equipo que es un poco alocado e impulsivo  o el taciturno de mirada fría, sin olvidarnos del compañero fiel  ni del energético e iluso aprendiz.  Todo esto es dos películas que tienen más de medio siglo a cuestas, mucho antes del gran BOOM de la industria del manga y demás ramificaciones y familiares.

Kurosawa también influyó enormemente el cine occidental. Los Siete samuráis fue trasladada al cine norteamericano, específicamente al género western bajo el nombre de Los Siete Magnificos. Otras revisiones más importantes de esta película, que mantienen la estructura narrativa básica incluyen Beach of the War Gods de 1973, Battle Beyond the Stars de 1980 (cuyo título se tradujo al español como Los siete magníficos del espacio), Mundo Salvaje, dirigida por Lee Katzin en 1988, o Saat Hindustani de 1969, dirigida por Khwaja Ahmad Abbas y en la que debutó Amitabh Bachchan.

El mundo del Anime también rindió tributo a este filme. En 2004 se lanzó la última, y mejor criticada, adaptación, titulada Samurai 7, una serie de animación para televisión de 26 capítulos producida por los estudios Gonzo que cuenta la misma historia de la película original pero situándola en una época entre lo futurista y lo tradicional japonés.

El spaghetti western también hizo su particular adaptación de una de las obras de Akira, Yojimbo fue recreada bajo el nombre de Por un puñado de dólares, una de las mejores películas de su género y la que catapultó a Clint Eastwood a la fama. Treinta seis años después Yojimbo vuele a la pantalla, esta vez en Estados Unidos con el nombre de El último hombre en pie,  ambientada en los años 20´s y con temática gánster.

Con tan sólo dos películas, algo más de cinco horas de material, Akira Kurosawa ha dejado una profunda huella en la cultura cinematográfica. Yo les he hablado de sólo dos películas y sus adaptaciones más conocidas, él hizo más de treinta películas…

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